Das pena muchacho

Resultado de imagen de imagenes en un callejón oscuro de gangsters en gabardina y sombrero

 

Piensas que puedes ir por ahí dando pena o lastima de no haber tenido nunca un amor de verano. Lloras por ello de forma constante como si los demás nos moviéramos en otros fangos; más suaves, con mejor olor o aspecto que el que tú saboreas. Pero no es cierto.

 

¡Basta ya, muchacho! Abre los ojos y contempla el vecindario, el mundo. Vuela y cuélate por cada entresijo de la vida de los demás. Verás que tienen tanta o más miseria que tú. ¿No lo ves todavía?

¡Cómo lo vas a ver! Si nunca te has parado y le has dedicado una mirada al mundo. Sí, como oyes, párate, observa. ¿No ves que están cansados de tus lagrimas fáciles, derramadas por tu ordenador; en ése trabajo tuyo de cuchipanda? Mira los otros con sus manos callosas. No llores más. Sal ahí y escucha por lo mucho que puedan llorar los demás. Mira ese señor, el que está dando de comer en el parque a las palomas. ¿Crees que su mirada tiene algún resquicio, un atisbo de haber ido dando pena por ahí?  No tuvo tiempo, ¿sabes? Las inmundicias lo han circunvalado como una autopista en mitad de la nada. Sin elección, sin lloriqueos.

 

 

Y si prestas un poco de atención, no creo, como tú dices, que no hayas tenido ningún amor de verano. ¿Recuerdas aquellas veces que lo has sentido? Y, no solo ha sido una vez. Lo has vivido. No sé cuántas veces ahora. La última sin ir más lejos fue con aquella chica. ¿Cómo se llama? ¿Laura?  La que está muy bien. ¿Qué palabras empleaste? «Desprende química. Cuando nos acercamos presto todo mi atención en un, aunque sea, pequeño roce: uno que me haga sentir la tibiez de su piel». Sí, eso dijiste.

 

¿No es eso un amor de verano? Era verano. Estabais allí. Claro que sí. Lo tuviste muchacho. Fue otro de tus amores de verano. Sentiste todas esas sensaciones. ¿Cómo las llaman ahora…? ¡Platónicas!, Sí.

 

Levanta del suelo. Das pena. ¿Es eso lo que quieres? Claro que no. Levanta del suelo. Suelta esa botella. Mézclate por ahí con la gente. Piérdete un poco de ese suelo y esa botella. Sé uno más, ¡Vamos!

No esperes que Dios te recoja. Sabes también como yo como terminará esto. Al principio, una copa tonifica, está bien. Pero cuando el suelo se convierte en tu mejor silla y, las raídas chinches de un colchón en tu mejor compañía, algo falla. ¿No crees? No, supongo que no estás para muchas creencias.

Te empeñas en pensar numerosas cosas que tú opinas que no te han pasado; no es cierto. La de ahora, es esa ñoñería de que jamás has tenido un amor de verano. Esa botella muchacho no te deja ver  que tú juventud se escapa por ese agujero que te metes cada día en la boca. Esperando, quizás, que te salga ese genio, el tuyo. Ya lo tienes, solo que no lo ves. No gimotees más, ¿quieres?

Vas a hacer que me entristezca hasta yo. Qué tiemble esta Gabardina gris que me cubre. Que salga corriendo mi sombrero, despavorido por ahí. Que mi revólver se deshaga en mi mano por el llanto de tu lamento. ¡Vamos, levanta de ahí! Das pena muchacho. Conozco un bar muy cerca de aquí, en el que sirven un Burbon que obra milagros, incluso para ti.

 

#AmoresDeVerano, para Zenda

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