El inquilino

puertaTodo fue irse y aquí empezó a medrar un hambre del copón. Vamos que no se equivoque nadie si estoy a punto de decir que, cuando el verano se iba; para mí llegaba la castidad más absoluta donde las haya y, cuando digo castidad, no, no me refiero a la constricción de la naturaleza primigenia. No.

Está encaminada hacia el lado de la pitanza. Esa de la que nadie se acuerda mientras haya un bocado que llevarse y, si puede ser bajo elección, mejor que mejor. Hay bonanza. Cuando no la hay, en tiempo de ligereza en las tripas; de mortadela mismo; y, cuando no hay con que secundar en la boca —aunque sea con chicle sin azúcar—: entonces es cuando uno se caga en los muertos de quien sea y se acuerda de que quien se ha ido por la puerta, te deja con el mismo hambre del cordel de un cirio sin cera: Listo de papeles.  Entonces no hace falta que se ponga a trabajar éste que les narra —de momento en nada—,para de esa forma gastar los mínimos esfuerzos. Sabiendo que un duro tiempo se aproxima; el adiós del verano, de la comida y, lo más importante, la llegada del otoño con sus respectivos… hasta el estío que viene, espero.

 

 

¿Se preguntan qué por qué estoy aquí cada año, esperando al verano?

«Los tiempos son muy difíciles en la calle». Eso me dijo mi padre antes de que muriera y de que yo me independizara. Recuerdo muy bien sus palabras, ya lo creo. «Si das con una buena casa olvídate de la calle. Donde tendrás que pelear con otros por migajas».

Espero que desde donde esté, me vea. Me gusta pensar que puede verme. Que sonríe porque me «ve» bien establecido en esta casa. Que disfruta tanto o más que yo, cada vez que me escucha comiendo estos enormes —para mí— trozos de queso que caen al suelo. O las migajas de pan y de lo que no es pan, también.

¿Saben cómo he conseguido estar vivo todavía sin ser descubierto por su inquilino? ¿No? Pues muy sencillo. Yo no soy como la rata que, cuando le da por ocupar lo hace mordisqueándolo todo, con el consiguiente destrozo; dejando como tarjeta de visita su intrusión.

Si quieren que les diga la verdad. Para ser un ratón doméstico (mus musculus). No me ha ido del todo tan mal. ¿No les parece? Y estarán conmigo y caerán en la cuenta de que un amor de verano, así, no se encuentra.

 

#AmoresDeVerano para Zenda

 

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