El último beso

 

pieta-maryface_sm

«Las proporciones de su cara podrían compararse con las de la medida áurea empleada por Da Vinci: la frente corta y redonda en su justa medida. Los labios rosados; el inferior sutilmente más grueso que el superior. Las orejas, pequeñas, graciosas, recogidas sobre el conjunto de la cabeza con una simetría insultante. La nariz esculpida como la «Piedad» de Miguel Ángel; nívea, marmórea. Los cabellos ondulados, dorados, de un brillo estelar. Los ojos astutos, vivos, irisados de un verde azulado sin precedentes».

 

Y hasta aquí pude leer: faltaba un trozo de papel, rasgado, con el que seguía el resto del texto.

 

Sam les llevó el café con su inconfundible ruido metálico, cachazudo, monótono.

En la mesa del salón, que estaba impregnado del aroma del café recién hecho, se sentaban mi madre, Emma, y su querida amiga Elsa. Yo miraba a través del hueco de la puerta casi cerrada;jugaba con mi gato, regalo de mi padre por mi cumpleaños: el último grito en robótica de «Industrias Estelar».

Sam también fue una adquisición de mi padre; traído del mismo sitio que el gato, solo que con unas funciones mucho más complejas.

Sam estaba programado para mantenerse activo hasta las diez de la noche, después permanecía en modo de desconexión. Pero una noche que estaba jugando con Fedor ―mi gato―, oí un ruido, provenía de la parte del sótano; bajé con sumo cuidado de no ser descubierto. Vi a Sam trajinando con cosas, debían de ser sobre las dos de la mañana o así. Me resultó extraño.

 

Me fui a la cama; mi padre salía de viaje de negocios, creo que a una convención de robótica: quería poder despedirme de él por la mañana.

 

―¡Ehhh…ese es mí campeón! ―dijo mi padre.

―¿Cuándo volverás papá?

―Pues creo que… si no se nos complica la cosa, en unos cuatro o cinco días.

―Papá, ¿no has notado nada extraño en el comportamiento de Sam? ―antes de que mi padre pudiera abrir la boca, por miedo a su escepticismo, se lo conté―. Verás, ayer… sorprendí a Sam todavía despierto, más allá de la hora de desconexión.

―¡Eso es imposible!… Voy a perder el vuelo. Cuando vuelva lo hablamos, ¿vale?, ¡campeón!

Asentí con la cabeza sin decir una palabra. Nos despedimos, y la puerta sonó tras él; no como otras veces. Mi madre me rodeó con el brazo. De soslayo miré y allí estaba Sam, ojeando a mí madre, con aquellos ojos tan, tan de deseo, tan humanos.

La voz metálica de Sam nos recordó que ya estaba el desayuno preparado.

Nos sentamos en la mesa a desayunar: un par de sobres de carne cultivada en laboratorio y dos cartuchos de gel vitaminado.

Mientras desayunábamos, sentía su mirada en la nuca.androide

Cuando acabamos el desayuno, mi madre se fue a su trabajo. La miré por los cristales de las ventanas del salón; primero a ella, y luego las luces de navidad de los vecinos de enfrente que, resplandecían con intermitencia.

Me quedé con Fedor, Sam, y la asistenta, que no dejaba de canturrear mientras tendía la colada.

 

Al estar tan intrigado con el comportamiento del robot, no pude reprimir mis deseos de espiarle. Como no le vi por las estancias del piso de abajo, subí a las de arriba. Casi me descubre con el sonido del parquet quejándose por una de mis pisadas. Hice la estatua, tanto como pude ser piedra. Me asomé con precaución y le vi en la habitación de mis padres: frotaba con un algodón los restos húmedos de las sábanas en la cama de matrimonio.

Aquella noche seguí con mis pesquisas. Le vi saliendo del sótano, de una especie de trampilla en el suelo. Supongo que aprovechó nuestra ausencia en vacaciones para hacer aquel escondrijo. Esperé a que subiera, le entretuve ordenándole que me bajara de la estantería una caja. Cuando me dio su espalda para agarrarla, le desconecté del botón principal de energía. Aun apagado, me siguió dando miedo; como el primer día que mi padre lo trajo a casa, parece humano hasta en el más ínfimo detalle.

 

Bajé por la trampilla del sótano y vi en la pared una serie de apuntes sobre anatomía: aparatos reproductores y todo lo concerniente a la procreación.

En el suelo, pegado a un taburete, apareció un papel escrito y rasgado que decía:

«Emma, tú eres la mujer de mis sueños. Perfecta para formar una familia»: ese papel, coincidía de forma exacta con la esquina derecha inferior del primer manuscrito.

 

Sam.

Robot-cama_TINIMA20170310_0144_20

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s