Una de España: cuando mil pesetas no eran seis euros

 

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No es que sea un economista o, tenga una especial relación con una carrera que me haga resaltar en lo que acabo de mencionar en el titulo. Pero sí que estarán conmigo, cuando digo, que tampoco hay que ser un «lumbrera» para darse cuenta del significado de aquellas mil pesetas de la década de los ochenta: ésas, con las que se llenaba el depósito de combustible de un Seat 127; las mismas que hicieron resaltar, en todo su apogeo, a la clase media de éste nuestro —hermoso— país llamado España. Aunque otros no tengan tan claro el concepto de hermoso, porque para comprender dicho adjetivo es necesario saber que a lo largo de la historia «muchos» se han encaprichado de él; haciéndonos, —las más de las veces— tener que enfrentarnos en aguerridas contiendas por la defensa del mismo. ¡No será tan feo como lo pintan muchos! Lo que sí está feo es renegar de las raíces que uno tiene; que para mí es lo mismo que decir que la madre de cada uno es algo tan innecesario como la boca que exhala dicho repudio.

 

127

Y si uno se para a pensar, un poquito de nada, se dará cuenta, casi de forma inmediata, de que el origen de toda guerra, erradica en una sola palabra: intolerancia. Una de las cosas que mayor fealdad tiene en este mundo —a mi parecer— es ésa, la intolerancia a los hermanos, que al fin y al cabo, si uno tira de una punta de su árbol genealógico  —sin despeinarse siquiera— se dará cuenta que, es siempre la misma sangre la que confluye por las venas; partiendo, qué duda cabe, de que a día de hoy, sólo existe en este maravilloso planeta una raza de homínido: el homo sapiens o lo que es lo mismo, todos y cada uno de los habitantes de esta bola azul, a la que llamamos tierra.

 

Con un buen ángulo de visión, el concepto de esas mil pesetas, que a día de hoy, no tienen nada que ver con esos seis «eurillos», no deja de tener una estrecha relación con la palabra intolerancia; que a la postre se vuelve a utilizar, solo que en este caso, el conflicto —aunque es lo mismo— esté más relacionado con la guerra financiera que de forma cotidiana nos asola, convirtiéndonos por ende, en esa famosa clase social, hoy, extinta. Vamos, dicho de otra manera: ¡que nos han dejado sin nuestras mil pesetas!

mil pesetas

Es por ello, que cuando leo en cualquier sitio, que el ser humano ha evolucionado de forma exponencial. Me llevo las manos a la cabeza y, no sé por qué, se me vienen las imágenes de la esclavitud de épocas pasadas, que si nos damos cuenta —por olvidar la historia— tienden a repetirse.

 

Lo cierto y verdad es, que en más de una ocasión se me viene a la memoria más nostálgica, esas mil pesetas, que asentaban una clase media en este maravilloso país. Pudiendo por tanto salir con el depósito lleno, y ya de paso, por qué no decirlo, con el coche también: la abuela, los padres, los primos, los hermanos… y de fondo “Mediterráneo” de Serrat o, “Libertad sin ira” del grupo jarcha. Haciendo de aquellos vehículos —incomodos— los mejores carruajes de ruedas jamás inventados. Quizás con el dulce sabor de la transición, que nos aventó, hacia una nueva oportunidad de hacer las cosas bien.

Fallece-Adolfo-Suárez-artífice-de-la-transición-española

 

 

No sé la de veces que he podido «soñar» —lo único, que todavía no nos han quitado, ¿o sí?— que llevaba aquellas mil pesetas en el bolsillo, con la ilusión de otra España; la de la tolerancia, la peseta, Suarez…

Cuando mil pesetas no eran seis euros.

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