347. a. C

Como una musa entre el olivar, te mueves. Has dejado boquiabierto al mochuelo de ojos ambarinos de la diosa Atenea. Te mira desde un hueco en la negra encina  que platea sus hojas con efluvios de luna.  Ese rostro tuyo  ingenioso,  de embrujo moruno,  albura  y cabello sombrío. ¡Y yo que pensaba en este sin … Sigue leyendo 347. a. C

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