347. a. C

Árbol, Puesta De Sol, Amazing, Hermosa, Impresionante

Como una musa entre el olivar,

te mueves.

Has dejado boquiabierto

al mochuelo

de ojos ambarinos

de la diosa Atenea.

Te mira desde un hueco

en la negra encina

 que platea sus hojas con

efluvios de luna.

 Ese rostro tuyo

 ingenioso,

 de embrujo moruno,

 albura

 y cabello sombrío.

¡Y yo que pensaba en este sin vivir

qué es vivir,

que jamás encontraría

          sentidos con razón!

Son tus pasos entre

estas melenas alicaídas

de troncos retorcidos,

 conspicuos;

comunión de pensamientos antiguos.

Entre pitas y ágoras se yergue

el filo del camino, Sofía.

Ilumíname

con tu alma inmarcesible.

Paséate

entre hileras de cipreses.

Erígete, epifanía…

en este éter ingrávido

que ahora soy.

¡Embriágame, catarsis!

Diva sonora que

acaricias los ríos

 de iridiscencias sabias,

no me olvides

a la mirada de Heráclito;

¡Todavía no!

Aléjame

del enclaustrado sofismo.

Y llévame siempre, amor,

llévame… al:

«Sólo sé que no sé nada».

(Atenas)

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