José Luis Balbín: periodismo puro contra viento y marea

Muere José Luis Balbín. El emblemático periodista que presentaba el popular programa televisivo “La clave”. Lo hace el día 22 de junio, es decir el miércoles de la semana pasada. Sé que no hacen falta muchas presentaciones. Todo el mundo le conocía, si no por activa por pasiva. Incluso le conocían aquellos que no vieron ni un solo programa, que ya tiene mérito. No quiero redundar sobre lo mucho que es sabido sobre él. Lo único eso sí, agradecerle desde lo más profundo del corazón, que estuviera ahí, en la televisión, en el periodismo, frente a nosotros, en la pantalla del televisor, brindándonos con elocuencia la oportunidad de aprender. Cuando hacer televisión era al lado de periodistas como Balbín un verdadero lujo.

No podemos olvidar que hablamos de una época muy sensible, la transición. En los albores de una democracia, tuvimos a Balbín. Un tipo que pese a todo no dudó ni un segundo en hacer un programa de vanguardia por aquel entonces, tiempos convulsos. Se puede decir que nos dio a conocer a los personajes más selectos: políticos, artistas, filósofos… de la escena mundial. Comenzó a abrirnos los ojos hacia el mundo. Nos dio un pase para salir de nuestra hermética España. Como bien saben no le salió gratis: “La clave pasó por momentos difíciles con la censura, la prohibición”.

He leído no sé dónde, que en el programa se fumaba mucho pero no se gritaba nada. Sí que recuerdo que se fumaba mucho. Cuando regresaba los viernes de estar con los amigos a casa, mi padre tenía la sala de estar llena de humo. Detrás de esa neblina se veía la tele en blanco y negro, una General Electric, con dos cadenas: la 1 y la 2 tve; envuelta en una turbia niebla, la de la sala de estar de casa y la de los contertulios del programa. La niebla nos envolvía por ambos sitios. Y doy fe de que tampoco se gritaba nada. Es curioso que cuando se vuelve a ver alguno de sus programas, prácticamente no tenía que intervenir como moderador. Les decía a sus contertulios que tenían libertad, siempre dentro de un orden, para intervenir de la forma que ellos quisieran.

Quizás nuestra democracia era tan reciente y nueva, que todo el mundo tenía miedo de manchar algo tan sumamente valioso y resplandeciente. No estaría mal recordarla más a menudo. Da la sensación de que hubiéramos nacido desde la noche de los tiempos con ella y que nadie ni nada podrá arrebatárnosla. Conviene reflexionar sabiendo que una ley general, nos hace saber que lo que no se cuida, no se mantiene, se destruye.

Tuve la suerte de poder haber intercambiado algún tweet con Balbín. Fíjense que nunca llegué a pensar que me pudiera responder, pues daba por hecho que la multitud de admiradores y un hombre como él, comprometido con el periodismo, no tendría tiempo, estaría sumamente ocupado. Me equivocaba. Eso ya revelaba el gran respeto por los demás, su selecta educación y lo gran persona que era. Aunque para mí, discúlpenme el atrevimiento, no era “sino que es”. Las personas como él afortunadamente, siguen ahí con ese legado indisoluble en el tiempo. Impregnando de su buen hacer algunos despropósitos y algunas ignorancias que por desgracia, aparte de salpicar, nos hunden en las espantosas veleidades del hombre.


Hoy no hay libertad querido Balbín

Para escribir esto me he impuesto ver algún que otro programa de “La clave”, para volver a recordar el momento. De otra manera me hubiera acercado más vagamente, desde un remoto recuerdo al sentimiento, a la magia y aura que desprendía Balbín con los contertulios, con sus telespectadores. No hubiera sido honesto con el artículo. No se me olvida el auge de este grandísimo programa de divulgación cultural, de libertades y educación, cuando vivía con mis padres y hermanos. En las noches calurosas de verano como las que acontecen ahora, al sonido del “cri cri” de los grillos, que ya no existen en esas calles, y a la vista de los ávidos murciélagos que rondaban cada noche, cada calle, que tampoco existen.

Me recuerda lo mucho que hemos perdido y que estamos perdiendo por el camino de nuestra joven y vapuleada democracia. No se cuenta con piezas que ya estaban dentro del juego. ¡Vamos mal! Dese el caso no solo de estos encantadores y necesarios animales a los que hemos hecho referencia. También a este “sálvese quien pueda”, leyenda esta qué prevalece como una clara señal de miedo y por ende de debilidad social, que hace peligrar nuestra existencia, como si la vida de forma individual tuviera más relevancia que el trabajo en grupo, de la masa.

Los viernes por la noche en la 2, la sintonía de “La clave”, genialidad compuesta por el gran Carmelo Bernaola y el símbolo de los tres monos sabios japoneses (no ver, no oír, no decir). Ambos dos míticos emblemas del programa. Nos invitaba y nos recordaba que todo, absolutamente “todo” el mundo tenía cabida en él. Yo tenía claro con mi edad adolescente de por aquel entonces -doce, trece años- que era el momento de sentarse en el sofá de casa. Olvidarse y disfrutar con este gran periodista, al que no le gustaban los axiomas; aunque sí de uno podía presumir, era precisamente de ser imparcial, neutral. Coherente con un periodismo sin favoritismos. Cocinado sin especias propias. Para que cada cual añadiera la que creía más oportuna al guiso.

¿Qué les parece a ustedes mis queridos lectores? Él decía que “por la clave pasaron los mejores” y “que hoy no hay libertad”. Sin duda alguna dentro de esos “mejores” estabas tú, José Luis. Tu huella está ahí, imperecedera, por si a alguien se le olvida la forma que tiene la pisada de la libertad. Gracias desde el corazón por darme -darnos- cabida en “tu clave”.

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