De la perestroika a la guerra del KGB

Ha llovido mucho desde que se detonó la primera bomba atómica el 16 de julio de 1945 con el proyecto Manhattan desarrollo de la primeras armas nucleares, a cargo del físico y director de laboratorio Robert Oppenheimer: “el padre de la bomba atómica”. Todos sabemos que su uso marcó un antes y un después tras el lanzamiento sobre las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki. El mundo entero se enteró del desproporcionado y terrorífico poder destructivo que dio origen a la guerra fría y a la carrera armamentística.

“Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas, la paz”

Albert Einstein

Desgraciadamente los archiconocidos métodos “ortodoxos” del ex-agente del KGB Vladimir Putin, no dejan lugar a dudas sobre un mayor parecido con Hitler que con Stalin. Así lo demuestran sus fechorías. Lo increíble es que no le dé vergüenza proclamar al mundo entero que Rusia tiene en el poder al hombre más cínico y sanguinario de la historia. ¿Cómo puede el presidente de un país amenazar con el posible uso de armas nucleares? Además un gran país como es Rusia y en pleno siglo XXI.

Si hacemos una retrospectiva de cuando se disolvió la URSS con el emblemático Mijaíl Gorbachov y su gran y brillante apuesta. Primero con el Glásnot (1985, libertad, claridad) y después con la perestroika (reestructuración). Aunque no fue suficiente para remontar a un país que ya estaba enfermo económicamente desde el mandato del presidente Brézhneven un momento decisivo donde la cuerda entre las dos potencias mundiales se tensó tanto que su rotura apuntaba a un conflicto nuclear. No salió bien para Gorby ni desgraciadamente para el mundo. Aquello podría haber significado un orden mundial nuevo con los soviéticos dentro.

Recibió el Nobel de la Paz en 1990 por su ejemplo en la gestión internacional del Este y el Oeste. En su apertura al mundo por su profunda apuesta por el entendimiento. Hubo aplausos por encima y por debajo de la mesa con el colapso y caída de la Unión Soviética. Sin embargo resultó de perlas para la humanidad: no hubo guerra mundial. Y ni te cuento para el bloque occidental que se quitó de en medio un marrón. En palabras del presidente norteamericano George Bush padre: “hemos ganado”. ¿Cómo se pudo decir semejante afirmación? ¿Qué habían ganado? Da la impresión para un momento tan crucial y único, de tratarse de una simple y llana competición deportiva.


Putin siembra el terror, el caos y el odio

No se nos puede olvidar que Gorbachov decide dimitir del cargo de presidente el 25 de diciembre de 1991, día de Navidad. No tras sufrir un intento de golpe de estado por funcionarios del Partido Comunista Unión Soviética (PCUS). Es curioso que el intento de golpe de estado fuera disuelto por Boris Yeltsin que paradójicamente, el 8 de diciembre de ese mismo año -puntilla decisiva para la dimisión de Gorby-, firma el tratado de Belavezha que acuerda la disolución de la URSS. Hace lo contrario a la voluntad del pueblo celebrada en referéndum en un 78% de mayoría por el sí a la Unión Soviética. Aquí termina el intento de democracia y empieza otra cosa tras la muerte de Yeltin: Putin.

Un Putin que justifica con argumentos de lo más variopintos, a cuál de ellos más desorbitado, la invasión de un país soberano como es Ucrania. Está claro que quiere pasar a la historia aunque sea como el mayor criminal. Resulta extraño que vaya por ahí haciendo honores de que fueron los que salvaron el mundo en la Segunda Guerra Mundial con la toma de Berlín. Es cierto pero en conjunto con los aliados. Sin embargo ¿no es contradictorio lo que dice con lo que hace? ¿No se consideran más sus hechos a la manera de actuar de los nazis? Sembrando el terror, el odio, el caos, la desinformación.

A día de hoy hay una cosa importante que no se puede quedar en el olvido y es preocupante. Se trata que en la época de la guerra fría, el presidente Kennedy propuso a raíz de la famosa “crisis de los misiles de Cuba” que pudo terminar en una guerra nuclear, la instalación de una línea directa. El famoso “teléfono rojo” que hacía posible la conexión entre ambas potencias.

No sé si estarán conmigo pero ¿no les parece que habría estado muy bien que a esa cabecita loca, la de Putin claro, le hubiese dado por imitar el comportamiento de Mijaíl Gorbachov? Sin duda se hubiera ganado un gran respeto y fama dejando a Rusia en lo más alto. Nos habría dado una gran lección. Pero no, una vez más y no será la última como decían nuestras abuelas: “todo se pega menos la hermosura”. O “no se hizo la miel para la boca del asno”.

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